De la Ciudad de los Angeles
habré de llegar al fuego activo
con aquella suerte anunciada
con tu nombre, con la vida, con el alba.
De la Ciudad Heroica
de batallas en los cerros y el desierto
con la mirada eterna del sol y del viento
pienso en tu vuelo, pienso en tu cuerpo.
De la Ciudad Colonial
aquélla plena de belleza, azul y majestuosa
"tu paso que pasa, tu rostro que pasaba"
tu angelical semblante, tu luminosa llama.
De la Ciudad de Amparo, de Bello y de la Matanza
de imágenes imborrables, de palabras ocultas
de canciones y de puestas de sol
de noches, de bailes, de memorias...
De ahí, de donde el vuelo llega eterno,
pequeña hermosa, del amor:
te ofrezco mi corazón
te ofrezco mi vida
despacio en la mañana
temprano sin palabras.
Post-modernism has become more than a social condition and cultural movement, it has become a world view. [It says] that the modern world is coming to an end, and something new must replace it (Charles Jencks).
25.4.06
Cinco veces, la Flor
Te quiero.
********************
Cinco veces, la Flor
Por Alejandro Aura
UNA:
No tengo amor.
Vivo este lunes frío para nadie.
En mi corazón hubo fortalezas y banderas;
hoy, que se le busque un brote,
una siquiera banderita verde.
Que alguien se la busque.
DOS:
Alto a la destrucción.
Un momento.
Propongo un pacto general:
que se cultiven flores,
no jardines.
TRES:
Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa,
es linda y morada y verde, gracias.
Esperé una flor toda la vida,
y hoy, martes raspado de melancolía,
no sé de dónde, me ha llegado.
Pinche florecita de papel,
te quiero.
CUATRO:
De las horas más muertas que tenía
tú me sacaste al mundo
y me pusiste a cantar.
No tú dijiste nada
sino tu pelo y tus uñas y tus besos.
Por eso, pequeñita,
platito de arroz,
mientras mi corazón estaba seco
me levanté contento
a quererte con los pies y con las manos,
me levanté otra vez sonando mis tambores.
Dirás que no
pero hoy me levanté a quererte
y a que tú me quieras.
********************
Cinco veces, la Flor
Por Alejandro Aura
UNA:
No tengo amor.
Vivo este lunes frío para nadie.
En mi corazón hubo fortalezas y banderas;
hoy, que se le busque un brote,
una siquiera banderita verde.
Que alguien se la busque.
DOS:
Alto a la destrucción.
Un momento.
Propongo un pacto general:
que se cultiven flores,
no jardines.
TRES:
Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa,
es linda y morada y verde, gracias.
Esperé una flor toda la vida,
y hoy, martes raspado de melancolía,
no sé de dónde, me ha llegado.
Pinche florecita de papel,
te quiero.
CUATRO:
De las horas más muertas que tenía
tú me sacaste al mundo
y me pusiste a cantar.
No tú dijiste nada
sino tu pelo y tus uñas y tus besos.
Por eso, pequeñita,
platito de arroz,
mientras mi corazón estaba seco
me levanté contento
a quererte con los pies y con las manos,
me levanté otra vez sonando mis tambores.
Dirás que no
pero hoy me levanté a quererte
y a que tú me quieras.
Etiquetas:
Cuentos y poemas de otros
12.4.06
6.4.06
Starálfur / Por Alberto Serdán
Nadie sabe cómo, porqué, con qué motivo o finalidad, pero siempre están ahí como eternos guardianes de sueños, juegos y fantasías. Siempre mirando hondo. Siempre con dulzura. Siempre atentos, sempiternos.
Y a veces eran los dragones, las fogatas, los morados, los pelirrojos, los globos de cantoya, las velitas de cumpleaños y los bichitos de San Antonio. Siempre el mismo deseo, con todas las ganas, siempre el mismo.
Eran muchos los sortilegios. Patas de cabra por aquí, patas de conejo por allá y uno que otro polvo mágico para comenzar. Girasoles, alhelíes y la mariposa que besó al colibrí.
Es la luz al pie del día, el inicio, el comienzo. Aventura familiar que nos asombra. Ésa es la magia. Ése el código aprendido. Ése el paso siguiente.
Los duendes caminan, juguetean, cantan con la firme intención de ser vistos sólo con el corazón. Así han sido vistos desde nuestra casa, así te miro asombrado.
Así nuestros niños, los que somos y los que hemos sido.
Así nos encontramos una y otra vez. Ola que salpica y nos envuelve.
—¿En verdad los ves?— pregunté.
—No, pero me gusta creer que los veo. En mi casa no puedo hacerlo— respondió.
—¿Y los demás?
—No, a ellos les gusta creer también.
Así el corazón.
Y a veces eran los dragones, las fogatas, los morados, los pelirrojos, los globos de cantoya, las velitas de cumpleaños y los bichitos de San Antonio. Siempre el mismo deseo, con todas las ganas, siempre el mismo.
Eran muchos los sortilegios. Patas de cabra por aquí, patas de conejo por allá y uno que otro polvo mágico para comenzar. Girasoles, alhelíes y la mariposa que besó al colibrí.
Es la luz al pie del día, el inicio, el comienzo. Aventura familiar que nos asombra. Ésa es la magia. Ése el código aprendido. Ése el paso siguiente.
Los duendes caminan, juguetean, cantan con la firme intención de ser vistos sólo con el corazón. Así han sido vistos desde nuestra casa, así te miro asombrado.
Así nuestros niños, los que somos y los que hemos sido.
Así nos encontramos una y otra vez. Ola que salpica y nos envuelve.
—¿En verdad los ves?— pregunté.
—No, pero me gusta creer que los veo. En mi casa no puedo hacerlo— respondió.
—¿Y los demás?
—No, a ellos les gusta creer también.
Así el corazón.
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Cuentos propios
