Por Alberto Serdán Rosales
México conmueve. Altera, trastorna. Es mucha la sangre, demasiado el dolor. Jóvenes de esperanzas rotas, muertos sin sentido, sin salvación. ¿Cuántos! ¡Para qué? De un “jalón”: siete-en-tepito, quince-en-tepic, trece-en-tijuana, setenta-y-dos-migrantes-en-tamapulipas, cinco-mujeres-en-juárez, catorce-en-juárez, diecinueve-en-juárez, quince-en-juárez, diecisiete-en-juárez, diez-en-juárez, dieciocho-en-torreón, docepolicías-en-michoacán, ochociviles-cincopolicías-en-oaxaca, diezniños-en-durango, doce-en-nayarit… treintamilenunsexenio…
El horror.
Pero,
nostenemosanosotras, nostenemosanosotros, denadiemásdepende, tetengoati, metienesami, nostenemos, somos, estamos, paremos-esto, participemos, nonoscallemos, seamosmuchos, noestemossolos, nonosconformemos, lavidaessagrada, somosvoz, somospalabra, somosacción, seamosciudadanía, pongamosunalto, noolvidemos, alcemoslamirada, andemoscontodaslasbanderas, quenohayasoledad, seamosresponsables, dejemos, de una vez, las drogas, y para los débiles regulemos su consumo.
Detrás de cada droga está la sangre volcada de nuestro pueblo.
No nos hagamos pendejos. No seamos cómplices.
¡Basta, ya!
Somos. Estemos. Seremos.
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