10.12.09

Carta abierta

Estimados @kdartigues y @monerohernandez:

Me parece, leyendo el intercambio de sus ideas, que conviene hacer varias precisiones: En primer lugar sí creo que los estereotipos son la esencia del humor. Se hacen chistes alrededor de estereotipos de argentinos, españoles, nacionalidades, gustos, preferencias, y un larguísimo etcétera en la que el objeto del humor es magnificado y exagerado para abarcar un amplio grupo de la población que se identifica con situaciones que por absurdas, resultan graciosas. Es un paso a la aceptación de uno mismo, incluso. Por lo tanto, me parece que el problema entre los límites del humor y la discriminación no está, en sí, en los estereotipos.

Creo que el límite se encuentra cuando el estereotipo se burla o ríe de grupos que son vulnerables o vulnerabilizados. Dicho de otro modo, el límite está en la vulnerabilidad del grupo objeto del humor y el humor usado como legitimador de esa vulnerabilidad. Por eso, en sociedades democráticas (con valores como la tolerancia, pluralidad, inclusión y conceptos como los derechos humanos) no son socialmente aceptados los chistes que se aprovechan de la vulnerabilidad (actual e histórica) de las personas o grupos.

Por ejemplo (generalizando, por supuesto) se aceptan chistes de judíos, pero no del holocausto; de usos y costumbres de los negros, pero no de su condición de esclavos; de la muerte, pero no de los dolientes (cuando son identificables y se saben objeto del chiste). Y eso varía de sociedad en sociedad. En México se hicieron chistes ampliamente aceptados del 11 de septiembre y sus muertos, en Estados Unidos, no.

En el caso del cartón de Hernández, la línea fue delgada porque para muchos (me incluyo) la burla no sólo era a los empresarios (que de vulnerables tienen nada) sino pareciera también que se burlaba de los “babeantes”, y éstos sí vaya que si son grupos vulnerabilizados quienes en las condiciones actuales son indefensos para, por sí mismos, protestar en medios (y en igualdad de circunstancias) contra un estereotipo que, además, no es preciso de su condición.

El problema no fue hacer burla del Teletón (como concepto mercadológico que es) ni de los empresarios. Lo que irritó fue el uso de una imagen figurativa que refuerza ideas preconcebidas que aumentan la vulnerabilidad de los discapacitados: la idea (que evidentemente no comparto y más aún, rechazo) de que las personas con problemas mentales son simple y solamente, “pendejos”.

Finalmente, no estaría de acuerdo con que hubiera, desde el Estado, una política de censura contra este tipo de humor. Eso es responsabilidad de quienes emiten los mensajes. Lo que sí es responsabilidad del Estado, es promover valores, como la no discriminación, el respeto, la tolerancia, la pluralidad, la diversidad, para que sea la sociedad democrática la que de forma natural acepte o rechace (leyendo o no leyendo, prendiendo o no el aparato reproductor) los mensajes humorísticos en virtud de su ingenio y buen gusto.

Saludos,
Alberto

Aquí la liga al cartón en cuestión.

1 comentario:

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